Un viaje dentro de otro viaje (4ª parte): Namobuddha... impresionante

4 enero 2009

Ayer nos íbamos de Baseri con una pena enorme, algo de cada una de nosotras se quedó allí con ellos, eso seguro, igual que algo de cada uno de esos niños se viene con nosotras, no sólo hasta Namobuddha, sino que nos lo quedaremos para siempre...
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La aventura con el lechero empezó ayer a las 8 de la mañana. Lo que hubiéramos tardado algo más de una hora en hacer a pie, lo hicimos en más de dos horas con el lechero, pero tampoco lo cambiaría por nada. Una especie de furgoneta con un bidón atrás, y muchos sacos de arroz, cartones, y no sé qué más, fue nuestro vehículo hasta aquí. Un tramo subidas en la parte de atrás, otro enganchadas de pie cuando no se podía ir arriba porque no quedaba espacio, y otro delante con otras dos personas y el conductor. Fuimos parando en muchos pueblos, para que la gente vendiera la leche de sus cabras, vacas y búfalos al lechero, y en el bidón se iban mezclando todas estas clases de leche, que me imagino luego vendería a tiendas y otras casas que no tuvieran animales.
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Otra parada en la casa del lechero, en Dapchka, donde nos presentó a su familia, y luego hacia Namobuddha. El último trayecto lo tuvimos que hacer andando, con unas vistas espectaculares porque este monasterio está, para mi gusto, en uno de los sitios más privilegiados en este sentido. Al llegar nos alojaron en una habitación y, después de subir a ver la azotea (desde donde os escribí ayer, al solecito), bajé a ducharme, que después de cuatro días sin ducha y rodeadas de humo y polvo podéis haceros una idea de las ganas que teníamos... he de confesar que me tomé mi tiempo, la ducha más larga que me he dado desde hacía mucho...
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A las doce nos fuimos a otro edificio a comer, sentada al lado de un monje en una terraza y otra vez con unas vistas impresionantes. Poco a poco iban asomando los picos más altos, con nieve, así que creo que no se le puede pedir más a este paisaje. Después de un té, decidimos entrar con algunos monjes en una puya (la oración budista), y me pareció muy curioso. Tocaban trompetas y otros instrumentos de viento, leían sus oraciones y las acompañaban de música, sentados en el suelo, sobre unos cojines. Fue muy interesante, otra vez vuelvo a ver algo que sé que no todo el mundo puede decir que lo haya vivido... Este sitio es muy bonito, pero lo mejor, como siempre, es la gente que te vas encontrando y con los que, a pesar de hablar idiomas muy diferentes, llegas a entenderte no sabes cómo...
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Más tarde un paseo por el monasterio, encontrando muchos rincones espectaculares y escenas muy curiosas con los monjes y con animales, hasta un lugar muy bonito donde descansa una estatua enorme de Buda. La verdad es que los budistas aquí viven muy bien, tienen dinero, comida, estudios, pero supongo que forma parte de su cultura y yo no soy nadie para juzgarlo, pero me llamó la atención esta diferencia social tan grande.
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La cena fue divertidísima, con los monjes, con un australiano (nuestro vecino de habitación) y con una ucraniana que ha venido a Nepal para estudiar tibetano tres años. Me gusta esta diversidad que se encuentra viajando, porque terminas hablando con gente que seguramente allí ni te pararías a saludar porque no tienen nada que ver contigo, o eso parece a primera vista, no sé, me gustan estas oportunidades...
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Para terminar el día, un ratito a ver las estrellas en la azotea y a hablar, hablar, y hablar con Yolanda, como siempre muy a gusto, y nos vamos dando cuenta de que tenemos muchas cosas en común, y no es casualidad que nos hayamos encontrado aquí en Nepal, de eso estoy segura, y ella sabe por qué digo esto.













1 comentario:

Anónimo dijo...

Martita!! Feliz año!

Me da igual que digas que somos unos llorones, pero cuando he visto a los niños con las chocolatinas que hemos estado guardando todo este tiempo en los desayunos, se me han encharcado los ojos de emoción! Tia, seré tonta, pero me he puesto a llorar!

Gracias!!!

Tengo unas ganas inmensas de que nos lo cuentes todo, todo, todo!!!

Disfruta muchooooooooooooooo!

Un beso muy fuerte!

Ana B.