Nepal... ¡hasta pronto!

8 enero 2009

De alguna manera tenía que terminar este blog. Y esta es mi despedida. He preferido escribir ahora, antes de acostarme, porque sigo emocionada después de lo que ha pasado esta noche y quería transmitirlo tal cual lo siento ahora. Es mi despedida, y mirando hacia atrás creo que es una de las cosas más bonitas que me ha pasado en mucho tiempo.
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Hoy ha sido mi último día, y tenía que despedirme de Katmandú, el sitio donde tan bien he estado y donde tan bien me he sentido durante este viaje. Ya tendré tiempo de volver y conocer otros sitios de este país, pero nadie me quita que haya vivido tres semanas increíbles, disfrutando esta ciudad, su gente, y mi viaje dentro del viaje, a Baseri.
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Me he despedido de mi rincón en el sitio donde desayuno, me he despedido de las calles por las que he paseado y en las que me he encontrado tantas escenas, de las calles que tanto me gustaba recorrer de arriba a abajo, y donde he encontrado sitios y personas increíbles.
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He ido a Kumary House por el camino que tanto me gustaba hacer, pasando por delante de la casa de Kumkum, y por el barrio. Con Yolanda, he ido al mercado donde un día tuve que comprar ingredientes para 100 croquetas y compré para 500, y después de comprar carne (algo muy divertido y al mismo tiempo muy diferente, sin entrar en detalles), hemos cocinado por última vez en este viaje para Toni, porque esto ya se había convertido en un pique culinario muy divertido. A pesar de no estar muy convencidas con la compra de la carne en la calle, de tener a Yolanda a punto de vomitar (exagerando un poco), y de recoger del suelo (con todo lo que tiene ESE suelo de las calles) un trozo que se le ha caído, muertas de la risa y con caída incluida hemos vuelto a Kumary House para cocinar.
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Nos habíamos propuesto conseguir un salmorejo (nepalí, claro, imagináos las variaciones con las limitaciones de todo tipo que tenemos aquí) y unas hamburguesas de búfalo (después de ver los búfalos por la calle, y todas las fases hasta llegar a un trozo de carne) con patatas fritas. Tengo que reconocer, aunque esté mal que lo diga yo, que nos ha salido buenísimo todo, y Toni nos lo agradecerá durante unos días, porque se acordará de nosotras cada vez que vea un búfalo. La mañana ha estado muy divertida, y entonces se acercaba mi primera despedida.
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He bajado a ver a las cinco chicas (las mayores, con las que cenamos y visitamos los proyectos), que entre secretitos querían que Yolanda me obligara a bajar sin que yo me enterara, y ahí mi primer nudo en la garganta del día. Bueno, en realidad desde que me he levantado he tenido un nudo permanente y creía que me podía echar a llorar en cualquier momento (ya véis, la llorica)... Me han dicho mil cosas bonitas, que no me olvidara de ellas, que les escribiera de vez en cuando, que no me olvidarían nunca, incluso algunas frases en español, y me han hecho mil regalos, pendientes, pulseras, un anillo y un collar. Son increíbles, y por supuesto que me las llevo conmigo, cómo podría olvidarlas si han sido una parte importantísima de este viaje!
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Después me despedía del resto hasta la hora de cenar, para poder ir a El Casal a meter todo en la mochila. Otra vez despidiéndome de las calles de Katamndú y de más y más sitios, con Yolanda, hablando y hablando y hablando como siempre de nuestras cosas, cuánto echaré de menos esos momentos!!
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Y por la noche mi despedida en Kumary House. Después de cenar, se formaba una fila de niñas, todas las niñas de la casa, para que, una por una, pudieran ponerme todas una tica en la frente y darme un beso y un abrazo que NO voy a poder quitarme de la cabeza nunca. Ha sido un rato muy bonito, porque aunque me daba muchísima pena pensar que eso era una despedida, estaba tan feliz y tan contenta que he controlado mi nudo de la garganta, y no me salía llorar sino sonreír, sonreír y sonreír! Me encantan, me sorprenden, me gusta cómo son, cómo tratan a los demás y cómo se tratan entre ellas, y aunque no lo saben me han enseñado muchas cosas, y cosas importantes. Después de cantarme una canción, todas juntas, me despedía de las mujeres y finalmente de Toni, con un GRACIAS enorme por haberme hecho sentir tan bien entre ellos desde el primer día, sentir que formaba parte de algo, y llegar a sentir Kumary House como mi propia casa, donde entraba y salía cuando lo necesitaba, porque ha sido así... Y gracias a ellos, gracias a Toni, y a ellas.
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Y lo más difícil si puede ser aún, me he despedido hace un ratito de Yolanda. Me apetece dedicarte esto a tí y aquí en el blog para terminar... Sabes que esto no habría sido lo mismo sin tí, sabes que no ha sido casualidad que nos encontráramos AQUÍ en Nepal y en ESTE momento de nuestras vidas, y sabes que no quiero ni pienso olvidarme de tí. Sabes todo lo que hemos hablado mil veces, como si nos conociéramos de toda la vida. Y nunca podré decirte un GRACIAS lo suficientemente grande. No te quites nunca la corona, valiente, y disfruta lo que te queda!! Nos vemos a la vuelta, MIL GRACIAS POR TODO!
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Y a los demás también MIL GRACIAS! Por haberme seguido la pista y por haberme dicho tantas cosas estos días. Me habéis hecho mucha compañía, y os lo agradezco muchísimo... Espero haber escrito este último día como se merece, y no sabéis cuánto me alegro de haber hecho este viaje, de haber decidido que SI, que ADELANTE, cuando aún tenía dudas, y cuánto me alegro de haberlo hecho en este momento y de esta manera. Nunca lo hubiera imaginado mejor. Sé que voy a volver aquí, no sé de qué forma, con quién ni cuándo, pero dejo aquí demasiadas cosas importantes como para que esto sea un "adiós", así que prefiero decir un "hasta pronto"!!










Kalam Revolution... por vosotras!

7 enero 2009
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Hoy escribo, antes de acostarme, porque tenemos electricidad!!! Sólo espero que no la corten antes de que termine...
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Hoy por la mañana, después de mi rutina que ya conocéis, he ido a visitar otro proyecto y me ha encantado!! Creo que ya os hablé de Kalam Revolution (la revolución del lápiz), el proyecto de alfabetización de mujeres. Estuve a punto de ir la tarde antes de irme a Baseri, y al final no pudo ser, así que hoy he ido a dos de los locales donde las mujeres están aprendiendo a escribir y a leer... qué mujeres!! no sólo sacan adelante a sus familias y sus hogares, sino que además van seis días a la semana a clase, y poco a poco les van enseñando a leer y escribir nepalí, un poquito de inglés y una base de matemáticas.
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A las 11h hemos ido a ver a uno de los grupos que dan clase cerca de Katmandú, con Ganga y Sakuntala, dos de las chicas con las que cenamos ayer. Así que imagináos lo que me he divertido hoy también, son geniales!!! No sabéis lo que voy a echarlas de menos... Cuando he entrado a esta primera escuela, me he sentido muy feliz. He encontrado a unas diez mujeres, tiradas en el suelo sobre una alfombra, concentradísimas en lo que estaba enseñando la profesora. Escribían en sus libretas, y en cuanto nos han visto en la puerta han dejado lo que estaban haciendo, y con una sonrisa enorme en la cara nos gritaban Namaste! y nos invitaban a sentarnos entre ellas... Nos han regalado dibujos y he aprendido a escribir algunas palabras en nepalí, muy divertido.
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No sabéis cuánto las admiro, ahora me vienen a la cabeza sus caras y pienso en lo que viven ellas, muchas trabajan fuera y dentro de casa, y sin embargo van felices a clase porque saben mejor que nadie que es una oportunidad y una suerte para ellas. Muchas tienen a sus maridos fuera de Nepal trabajando, y estaban felices porque ahora podían escribirles cartas, e incluso marcar los números de teléfono sin ayuda de nadie... increíbles, vaya lección!! Al salir de allí volvía muy feliz a Kumary House, me ha gustado mucho conocerlas y ver lo bien que se sienten cada día a medida que aprenden cosas nuevas.
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En Kumary House nos esperaba Toni, que nos había prometido que iba a cocinar él, así que nos hemos encontrado una paella que nos ha sentado genial!! A los que me dijeron que en Nepal iba a adelgazar, o que iba a aburrirme de la comida, tengo que deciros que no tengo ninguna queja, al contrario, he probado mil comidas en sitios nepalíes y me encanta!! Los momos, las sopas tibetanas, el chowmein, y muchas otras cosas que no sé ni cómo se escriben ni casi cómo se pronuncian... Pero una paella es una paella, y la he disfrutado muuuucho...
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El centro al que hemos ido por la tarde estaba en Pasupatinah, así que, para vivir otra experiencia, hemos decidido coger un "microbus". En fin, no tengo palabras, creía que lo del "autobús" de vuelta de namobuddha había sido agobiante, pero después de ver cómo nos metíamos unas 15 personas en una furgoneta, creo que he cambiado de idea y lo otro me parece un viajecito de lo más cómodo. Aún así, con Ganga y Sakuntala, íbamos muertas de la risa. En Pasupatinah las mujeres del Kalam Revolution estaban más tímidas, era un grupo nuevo y les daba mucha vergüenza que fuéramos a verlas, éstas no estudiaban nada de inglés porque el nivel era mucho más bajo que en la otra clase, pero aún así se han lucido en la pizarra ante nosotras... Estos días los niños en Nepal tienen lo que llaman "vacaciones de invierno", así que muchas mujeres han decidido llevarse a los niños a las clases para no perderlas. Mientras los niños jugaban fuera ellas escribían y atendían a la profesora dentro, aunque de vez en cuando los niños entraban a cotillear. Ha sido muy bonito.
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Y por la noche mi primera despedida. Mañana me han preparado una cena de despedida en Kumary House, con las niñas, Toni, Yolanda, todos juntos. Así que hoy quería ir a cenar aquí al lado, para despedirme de Tara. Es raro y difícil al mismo tiempo decir adiós a alguien a quien has cogido tanto cariño en tres semanas, y a quien no sabes si volverás a ver alguna vez en tu vida. Pero le he dicho que voy a volver, y que por supuesto entonces me tendría ahí comiendo sus platos como tantos días he hecho durante este viaje, y si se lo he dicho es porque estoy segura de que va a ser así. Qué penita me ha dado, y eso que sólo me he despedido de ella hoy, es tan buena y tan simpática... me acordaré mucho de ella, y del día que la conocí, una de las primeras caras nepalíes que vi, mi primer día en Nepal, cuando aterricé aquí muerta de miedo y Yolanda, Anne y Dominique me llevaron ahí a cenar por primera vez... gracias!
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ésta es Tara!

Mas y mas experiencias

7 enero 2009
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Ayer tuve un día lleno de emociones y sensaciones, de todo tipo... Fue uno de esos días que no sé cómo empezar a contaros. Después de mi desayuno y mi ratito con mi libro, me fui a Kumary House porque a las once Nirika, una de las chicas, nos iba a llevar a Champi, a una hora de Katmandú, en Lalitpur. El día anterior me preguntó Toni si quería ir a ver a los niños discapacitados a los que ayudaban allí, y por supuesto le dije que me encantaría. Lo cierto es que creí que me iba a encontrar otra cosa, ya sabéis, no dejo de sorprenderme.
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Nirika es la chica que lleva este proyecto, y una vez al mes les visita para llevarles dinero y otras cosas, así que esta vez la acompañamos y a los niños, además, les llevamos material escolar y calcetines (gracias Elena y Nacho! es otra parte de vuestro regalo). Al llegar allí me quedé sin palabras. Os aviso antes de nada que alguna de las fotos puede no ser muy agradable a primera vista, pero de verdad os digo que después de haber estado con ellos toda la mañana lo veo todo diferente.
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Ahí nos encontramos a niños felices, muy felices, que viven en una cabaña de paja y al cuidado de un hombre que perdió las piernas, y de una mujer. No os imagináis lo mal que me sentí durante un buen rato, al principio, mientras les miraba. Uno de los niños no tenía pies (sus padres fabricaban alcohol y se le quemaron, así que tuvieron que amputárselos), una niña pequeña a la que le faltaba una pierna (por culpa de un cáncer), en fin, no podía parar de pensar en la SUERTE que yo tenía, en todos los sentidos. De verdad que hubo un rato en el que no fui capaz de abrir la boca, y de repente, cuando los niños empezaban a querer hacerse fotos y jugar, les ví reirse y de verdad me dí cuenta de lo felices que eran y de que lo último que esperan en la vida es que alguien les mire con lástima... de verdad que ellos no se sienten asi, no se si porque estan ahi apartados de la sociedad, porque no estan costumbrados a dar pena, o por que sera, pero lo cierto es que lo llevan mucho mejor de lo que os podeis imaginar, somos nosotros los que tenemos en nuestra mano, o en nuestra mirada, que se sientan uno mas o que se sientan inferiores...
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Fue otra experiencia de las que sé que no me voy a olvidar, tomamos el té con ellos y todo el rato se reían, y cantaban, fue muy bonito. A pesar de lo que podáis pensar (y que yo también pensé al principio), los calcetines les encantaron, cada uno supo cómo usarlos... Volviendo a Kumary no podía parar de pensar en en esos niños, y una vez más en todo lo que, sin saberlo ellos, me habían enseñado.
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Y la tarde... increíble también. Me apetecía invitar a Yolanda y a las chicas de Kumary (las más mayores) a cenar, por ser uno de mis últimos días, así que decidimos llevarlas a Thamel, en la zona turística a la que nunca suelen ir (de hecho le preguntaron a Yolanda si "eso" seguía siendo Katmandú). Como aquí comen todos con las manos y Yolanda ya conocía ese detalle, decidimos ir a una pizzería con Nirika, Eurica, Ganga, Sakuntala y Sandicha.
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No os imagináis lo que estaban sufriendo para elegir la pizza y la bebida que querían, hasta que les dijimos que no miraran los precios en la carta... Después de un buen rato conseguimos pedir y fue una cena divertidísima, son increíbles, cariñosas, buenísimas, y muy muy responsables con sus proyectos, de verdad que le dan mil vueltas a muchas niñas españolas de esas edades (entre 19 y 25 años)... son geniales. Esta cena me la llevo de recuerdo, no sabéis lo que me llegaron muchas de las cosas que decían, nuestras culturas son tan diferentes... pero con mucho humor, porque se alarman con cualquier cosa que nosotros vemos de lo más normal, y eso da mucho juego...
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Me reí muchísimo, y me fui a la cama con la sensación de haber pasado otro día de lo más intenso, y estoy feliz porque sigo disfrutando y aprovechando cada segundo, y en lugar de pensar en lo que me queda para volver, en lo que pienso todo el rato es en todo lo que llevo vivido y disfrutado aquí hasta el momento... eso me gusta.
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Muchas de las reflexiones de ayer me las guardo para mi, hoy no tengo mucha facilidad de palabra asi que lo estropearia si intentara explicaros mejor la cantidad de cosas que senti ayer, y sigo teniendo en la cabeza hoy...

Un "trabajo" muy interesante... para mí

6 enero 2009
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Feliz día de Reyes a todos!!! Hoy escribo poquito porque ayer lo dí todo en el blog y la verdad es que fue un día tranquilito pero muy interesante, y con alguna anécdota, cómo no...
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Me levanté muy pronto porque venía con el horario "rural", de acostarme muy temprano y madrugar mucho, asi que a las 6 de la mañana no podía seguir durmiendo y me levanté. Estuve poniendo al día el blog, que algunos ya lo habréis visto, y me fui a desayunar a un sitio al que le he cogido mucho cariño y que seguro echaré muchísimo de menos... A la luz de las velas (por supuesto sin electricidad), con un libro que me estoy leyendo estos días y que regalaré a un par de personas si lo encuentro allí, mi café y unas tostadas. Podría haberme tirado horas así, y de hecho creo que estuve más de una hora, pero quería ir a ver a Toni para contarle cómo había sido mi estancia en Baseri. No os había contado que iba con un "trabajo" pendiente, o una "misión", relacionada con el problema que tienen con la escasez de agua, así que después de desayunar fui dando un paseo hasta Kumary House. Me apetecía andar por las calles de Katmandú otra vez, así en mi mundo, como al principio, y mirar, y ver, y observar. Me encanta.
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Al llegar a Kumary me encontré con Yolanda, sus "vacaciones" acabaron ayer al volver aquí así que estaba allí con sus clases de inglés a las mujeres de la casa, y subí a la cocina. Al rato subió Toni. Me gusta entrar y salir de esa casa con esta familiaridad, apareces sin avisar pero siempre hay alguien con quien hablar o algo que hacer. A Toni le falta tiempo para ofrecerte un té, unas "galletas", chocolate o cualquier cosa que tenga a mano... Me gusta mucho. Estuve hablando con él de Baseri, hay que buscar la manera de elevar agua desde el río pero para eso hay que superar un desnivel de 600 metros, y mirábamos la forma de hacerlo con bombas impulsadas con energía fotovoltaica. Tengo deberes cuando llegue a Madrid, pero cuando el trabajo me gusta no lo considero eso, trabajo. Además, hablamos de las cocinas solares (gracias Tony!), que evitarían el problema tan grande que tienen todas las casas de Baseri con el humo, y también la necesidad de ir a buscar leña y cargarla las mujeres en la espalda. Al hablerle de esto último, me habló de un proveedor nepalí que se dedicaba a construir cocinas solares, algo más sofisticadas que lo que yo le proponía, y me pareció buena idea también.
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Entonces empezó mi aventura del día, que prometía ser tranquilo. Pero aquí siempre pasa algo, ya lo sabéis. En un momento llamó por teléfono a este proveedor y le dijo que yo iría a verle. En cuestión de minutos, me esperaba abajo con la moto Bhim, el nepalí que os conté que vive en El Casal también, arriba, que iba a "hacerme el favor" de llevarme hasta la tienda. Me ví subida en la moto, con el mochilón de fotografía que me acompaña siempre, por supuesto sin casco (aquí sólo lleva casco el conductor, porque los "paquetes" - que suelen ser dos - no lo llevan nunca) y pensando en el caos del tráfico de Katmandú del que ya os hablé al principio. Creía que el día anterior me había quedado sin adrenalina en el viaje en el techo del "autobús", pero no, parecía que iba a descargar algo más...
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Fue muy curioso, divertido, emocionante, o no sabría qué adjetivo utilizar, pero atravesamos Katmandú y salimos a un barrio en las afueras, donde con mi inglés intenté comunicarme con un nepalí que no lo hablaba, tratando de encontrar respuesta a los mil interrogantes que tenía yo acerca de ese tipo de cocinas. No sé cómo, bueno sí, con ayuda de Bhim, conseguí que accediera a llevar una de esas cocinas a Kumary House hoy. Ya os contaré cómo acaba esto... De momento, si nos gusta, será mi regalo para los voluntarios que vayan a partir de ahora a Baseri, que la utilizarán en la escuela para probar y si funciona la idea, se puedan comprar varias para las familias que viven allí y que, según mi opinión, lo agradecerían un montón por muchos motivos.
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Al salir de Kumary House otro paseo por Katmandú, buscando a Yolanda en varios sitios en los que pensé que podía estar, aunque sin éxito. Esto de no tener móvil para llamarla hizo que me acordara de cuando no teníamos nadie y bajábamos a la calle a ver si encontrábamos a alguien por ahí, y siempre acababas sabiendo dónde estarían unos y otros, sin hacer llamadas perdidas para quedar ni llamar veinte veces. Un momento de regresión. De repente volvía a El Casal segura de que me estaba esperando allí. Y así era.
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Cenita aquí al lado, en el sitio de Tara del que ya os he hablado alguna vez, y a la cama a escribir un poquito. En fin, que el día de ayer tranquilo, de "trabajo" muy interesante, pero al mismo tiempo con momentos divertidos y con otra experiencia (ir en moto por Katmandú es una experiencia y los que habéis venido lo sabréis muy bien)... Javito, imagínate lo que me acordé de tí ahí subida y en esas condiciones... Muy divertido y Bhim, un gran conductor!!

Ya he vuelto... Namaste!

5 enero 2009
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Ya estoy aquí otra vez, feliz 2009 a todos!!
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Espero que lo pasárais muy bien en fin de año, yo no tengo más palabras para describir estos días que las mil cosas que os cuento más abajo, os dejo todo seguido por si queréis ver lo que he hecho mientras os he abandonado un poco. Pero he escrito cada día, así que ahora sólo tenía que copiar y pegar, y meter algunas fotos... de abajo a arriba, si queréis seguir el hilo...
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Espero que lo disfrutéis porque a mí me ha parecido una experiencia inolvidable, en mi línea, cada día una sorpresa, cada día algo que recordaré siempre... Me queda poquito y pienso disfrutar cada uno de los días, porque le estoy pillando el truco y no me cuesta nada vivirlos como si fueran el último! Un beso a todos, y mil gracias por todo lo que me decís cada día, sois una parte importante de este viaje!!!

Un viaje dentro de otro viaje (5ª parte): Vuelta a Katmandú

5 enero 2009

Lo de ayer no sé cómo empezar a escribirlo sin que me entre la risa. De verdad, si tengo que destacar un día por divertido ése fue ayer. Aquí me ocurre muy a menudo una cosa muy curiosa, a lo mejor ya os lo he dicho alguna vez, y es que siempre que pienso que no me puede pasar nada más, me equivoco. Siempre pasa.
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Ayer nos despertamos en Namobuddha a las 5.30 de la mañana porque queríamos ir a la puya de las 6, en el edificio más impresionante, antes de que amaneciera. Lara, me acordé mucho de tí, lo que ví ahí dentro me dejó atontada un buen rato. Salimos de la habitación todavía dormidas, muertas de frío y medio vestidas medio en pijama, y fuimos siguiendo el sonido de la puya, que ya había empezado, hasta que encontramos una puerta con algunos zapatos fuera, por lo que nos imaginamos que estarían ahí dentro. Después de quitarnos nuestras botas abrimos la puerta y me quedé alucinada. No sólo porque habíamos entrado por una puerta que no era la principal y aparecimos en medio de repente, sino porque la oración de esa hora era de niños. Increíble. Todos igualitos, de unos 7 u 8 años (me imagino, no lo sé), cantando sus oraciones todos a la vez, impresionante. Estuvimos sentadas disfrutando de ese momento hasta que acabaron a las 7, y desayunando no dejábamos de decir lo que había merecido la pena el madrugón. No creo que vuelva a ver eso nunca, o a lo mejor sí, pero me pareció precioso, y me da igual si suena cursi o si puede parecer exagerado (en realidad siempre me ha dado igual, siempre he escrito como me va saliendo ya lo sabéis), pero todavía lo pienso y me encanta.
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Y después de desayunar con los monjes, recoger la mochila y despedirnos de Namobuddha, empezaba nuestra mañana de vuelta a Katmandú, con todo lo que nos pasó por el camino. Por curiosidad preguntamos cuánto costaba un taxi hasta casa, y al decirnos que eran unas 1700 rupias (son menos de 17 euros pero aquí es muuuucho dinero) decidimos volver en "transporte público", por menos de 50 céntimos. Ahora que ya ha pasado todo no sabéis lo que me alegro de haber decidido esta opción, porque es otra de las cosas que difícilmente voy a volver a experimentar.
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Nos bajamos andando hasta el cruce donde nos dejó el lechero el día anterior, porque ahí teníamos que coger un "autobús local" hasta Banepa, a unos 25 km. Cuando veáis las fotos entenderéis por qué le pongo comillas a todo lo relacionado con el "transporte público". Estuvimos esperando hasta las 9.15 tomando un té en una tiendecita en ese cruce, y cuando apareció el "autobús" lo primero de lo que nos acordamos fue del taxi que no habíamos querido coger. Llegó lleno de gente, las cabezas estampadas literalmente contra el cristal, y ahí no cabía un alfiler. El conductor al vernos con las mochilas sólo nos decía "Up, up", y miraba al techo. Así que no quedaba otra. Viajaríamos en el techo del "autobús". Primero conseguir subir nosotras, porque el primer "escalón" estaba más alto que mi cintura, y segundo poder subir las mochilas y las bolsas que llevábamos. Con un poco de ayuda, de repente estábamos en el techo de un "autobús" al que todo el mundo miraba desde abajo con cara de desconfianza. Al parecer había una rueda que no tenía buena pinta, pero no quedaba otra. Teníamos que llegar a Katmandú. Cuando "eso" arrancó y empezó a moverse por el camino de tierra lleno de baches y piedras, y con un precipicio a uno de los lados, tuvimos un momento de crisis, pero nos dio por reirnos y pensar que si nos pasaba algo, al menos habíamos sido muy felices hasta el último momento. Hubiera hecho millones de fotos desde ahí arriba, pero como os podéis imaginar, me faltaban manos para agarrarme y no caerme de ahí...
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Teníamos que esquivar las ramas de los árboles para no quedarnos sin cabeza, y por qué no decirlo, nuestros culos sufrían en todos y cada uno de los baches que pasábamos, es decir, todo el rato. Cuando decidimos empezar a disfrutar del paisaje (increíble, claro) y pensábamos que no podía pasarnos nada más, pues pasó. De repente el "autobús" se paró, y todo el mundo abajo. Habíamos pinchado la rueda que todo el mundo miraba desconfiado, y tenían que cambiarla. Baja otra vez tú, baja otra vez las mochilas, y todo esto muertas de risa. Hasta ahí habíamos hecho algunas paradas y la gente se había ido subiendo arriba con nosotras. Éramos ya 25 personas en el techo. Todos para abajo.
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Después de media horita, y con la rueda de repuesto, otra vez a subir. Con todo lo que eso conlleva, claro, mochilas, contorsionismo, estiramientos, y dolor de culo. Seguimos hacia Banepa, unas 50 personas abajo y otras 25 arriba, por caminos de cabras y riéndonos de la tensión acumulada. Ahora sí, nada más podía pasar. O sí. De nuevo el "autobús" se para, al cabo de 15 minutos, la rueda de repuesto no había solucionado nada y decidieron que pondrían de nuevo la que se había pinchado. Esto no lo entendí muy bien, simplemente lo ví. Esta vez nos hicimos las locas para no tener que volver a bajar, así que como vieron que no teníamos intención de hacerlo cambiaron la rueda con nosotras arriba. Tengo que decir que ni la primera vez ni ésta se bajaron las 50 personas que viajaban dentro del "autobús", por eso pensamos que no pasaba nada, total, dos personas más... Al ponerse en marcha de nuevo el "autobús", dos monjes que viajaban arriba decidieron quedarse ahí esperando a otro autobús porque, según nos dijeron, no se fiaban mucho de este cambio de rueda. Pero claro, cuando nos lo dijeron ya habíamos empezado a andar, así que sólo nos dió tiempo a pensar "bueno, que sea lo que tenga que ser"...
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Poco antes de llegar a Banepa, en Dulhikel, nos hicieron bajar de nuevo para meternos dentro del "autobús", porque según ellos ya "había sitio" al haberse bajado mucha gente allí. En fin, lo que ellos llaman sitio supuso hacer el resto del viaje de pie, entre mucha gente. Nos habíamos ganado un té y unas rosquillas, así que al bajar por fin en Banepa fuimos directamente a una tiendecita, en mitad del mercado, y al sol nos reíamos de ese trayecto que habíamos hecho. 25 km en más de dos horas. Ahora tocaba otro "autobús local" hasta Katmandú. Después de preguntar 20 veces un chico muy majo paró un "autobús" que pasaba y nos subimos dentro, sentadas!! Iba muy vacío, los primeros 5 minutos. En seguida otra parada y donde caben tres se sientan cinco. Aquí funcionan así.
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Otras dos horas a Katmandú, pero ya estábamos cerca! Un paso hasta casa y a partir de ahí una tarde de risas, y un homenaje que bien nos habíamos ganado las dos. Un concierto de música nepalí en una librería, con un té, y civilización otra vez... un día agotador pero muy muy muy divertido. Como el primer día pero de otra manera muy distinta, volví a pensar, al meterme en la cama, aquello de "hogar, dulce hogar"...
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Un viaje dentro de otro viaje (4ª parte): Namobuddha... impresionante

4 enero 2009

Ayer nos íbamos de Baseri con una pena enorme, algo de cada una de nosotras se quedó allí con ellos, eso seguro, igual que algo de cada uno de esos niños se viene con nosotras, no sólo hasta Namobuddha, sino que nos lo quedaremos para siempre...
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La aventura con el lechero empezó ayer a las 8 de la mañana. Lo que hubiéramos tardado algo más de una hora en hacer a pie, lo hicimos en más de dos horas con el lechero, pero tampoco lo cambiaría por nada. Una especie de furgoneta con un bidón atrás, y muchos sacos de arroz, cartones, y no sé qué más, fue nuestro vehículo hasta aquí. Un tramo subidas en la parte de atrás, otro enganchadas de pie cuando no se podía ir arriba porque no quedaba espacio, y otro delante con otras dos personas y el conductor. Fuimos parando en muchos pueblos, para que la gente vendiera la leche de sus cabras, vacas y búfalos al lechero, y en el bidón se iban mezclando todas estas clases de leche, que me imagino luego vendería a tiendas y otras casas que no tuvieran animales.
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Otra parada en la casa del lechero, en Dapchka, donde nos presentó a su familia, y luego hacia Namobuddha. El último trayecto lo tuvimos que hacer andando, con unas vistas espectaculares porque este monasterio está, para mi gusto, en uno de los sitios más privilegiados en este sentido. Al llegar nos alojaron en una habitación y, después de subir a ver la azotea (desde donde os escribí ayer, al solecito), bajé a ducharme, que después de cuatro días sin ducha y rodeadas de humo y polvo podéis haceros una idea de las ganas que teníamos... he de confesar que me tomé mi tiempo, la ducha más larga que me he dado desde hacía mucho...
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A las doce nos fuimos a otro edificio a comer, sentada al lado de un monje en una terraza y otra vez con unas vistas impresionantes. Poco a poco iban asomando los picos más altos, con nieve, así que creo que no se le puede pedir más a este paisaje. Después de un té, decidimos entrar con algunos monjes en una puya (la oración budista), y me pareció muy curioso. Tocaban trompetas y otros instrumentos de viento, leían sus oraciones y las acompañaban de música, sentados en el suelo, sobre unos cojines. Fue muy interesante, otra vez vuelvo a ver algo que sé que no todo el mundo puede decir que lo haya vivido... Este sitio es muy bonito, pero lo mejor, como siempre, es la gente que te vas encontrando y con los que, a pesar de hablar idiomas muy diferentes, llegas a entenderte no sabes cómo...
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Más tarde un paseo por el monasterio, encontrando muchos rincones espectaculares y escenas muy curiosas con los monjes y con animales, hasta un lugar muy bonito donde descansa una estatua enorme de Buda. La verdad es que los budistas aquí viven muy bien, tienen dinero, comida, estudios, pero supongo que forma parte de su cultura y yo no soy nadie para juzgarlo, pero me llamó la atención esta diferencia social tan grande.
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La cena fue divertidísima, con los monjes, con un australiano (nuestro vecino de habitación) y con una ucraniana que ha venido a Nepal para estudiar tibetano tres años. Me gusta esta diversidad que se encuentra viajando, porque terminas hablando con gente que seguramente allí ni te pararías a saludar porque no tienen nada que ver contigo, o eso parece a primera vista, no sé, me gustan estas oportunidades...
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Para terminar el día, un ratito a ver las estrellas en la azotea y a hablar, hablar, y hablar con Yolanda, como siempre muy a gusto, y nos vamos dando cuenta de que tenemos muchas cosas en común, y no es casualidad que nos hayamos encontrado aquí en Nepal, de eso estoy segura, y ella sabe por qué digo esto.