Aquí seguimos, en Baseri, y estamos tan a gusto que hemos decidido quedarnos un día más. Esto es increíble, cada minuto que pasa aprendemos algo nuevo de la gente de aquí, y todo esto es algo que nos llevaremos con nosotras cuando nos vayamos, de eso estoy segura.
.
La mañana de ayer fue tranquila, mientras los niños daban clase nos quedamos leyendo, escribiendo y hablando aquí fuera, al sol, con las montañas y en paz... Hasta que esa paz desapareció para verse sustituida por los gritos y los juegos de los niños. Era la hora del recreo. Todos querían jugar con nosotras, invitarnos a sus casas después del cole, y regalarnos las flores más bonitas que encontraban. Qué niños y qué niñas, son tan cariñosos y tan divertidos que es imposible no soltar una carcajada cada minuto. Los ves sin calcetines, con los zapatos y las sandalas rotas los que tienen, los pelos sucios, las ropas viejas y oliendo a humo, pero les ves felices. Una de las cosas que más me hace pensar es ver, a las 7 de la mañana cuando empiezan a aparecer los primeros niños, cómo llegan descalzos y con un jersey, mientras yo me levanto de la cama y no puedo salir fuera sin guantes, abrigo, y una manta porque realmente hace mucho frío a esas horas. Algunos tiritan, dicen "saro, saro", que quiere decir "frío, frío", pero se ponen a cantar y a jugar hasta que sale el sol y empieza a calentar, y se les olvida el frío.
.
Ayer nos preparamos para comer unas patatas, huevos y judías verdes, y sacamos la mesa fuera para comer al sol. Estábamos rodeadas de niños y ninguno pedía nada, ellos comen lo que tienen en sus casas y no están acostumbrados a pedir nada, pero la sensación de comer rodeada de esas caras que miraban con curiosidad (¿quién sabe qué estarían pensando?) no me gustó mucho, como os podéis imaginar. Así que hoy comeremos mientras ellos estén en clase.
.
Por la tarde nos habían invitado a su casa Roma, la chica que limpia en la escuela, y Ramita, una de las niñas. Les encanta que vayas a visitarles e invitarte a lo que sea, así que después del cole cogimos uno de los caminos de tierra que hay entre los bancales y, siguiendo a Roma y a Ramita, echamos a andar. Por el camino vimos las casas de algunos niños del cole, y una de las cosas que más me gusta es que estés donde estés empiezas a oir a gritos "Namaste, Marta!", "Namaste, Yolanda!", y miras a tu alrededor y te cuesta encontrar de dónde proceden los gritos, allá lejos, lejos, muy lejos...
.
La casa de Roma es muy pequeña, hay una planta baja donde cocina y mete a la vaca y las cabras que tiene, y una planta arriba con una cama donde duerme con su hijo de menos de dos años. Por suerte, el marido no estaba porque se ha ido a Katmandú a trabajar. Sabemos por Toni que es, como muchos aquí, un maltratador que pega a Roma y la viola cada vez que se le antoja, así que las dos esperábamos no cruzarnos con él, porque nuestra mentalidad no nos deja ver eso como algo normal, y conociendo a Roma hubiera sido muy doloroso. Roma nos disfrazó con un kurta muy bonito, que es el traje que usan las mujeres en Nepal, nos puso una tica en la frente, un mala (collar nepalí) en el cuello y nos pintó los labios, mientras se reía como una niña pequeña. Fue muy divertido, sobre todo porque es mas chiquitita que nosotras, y nos quedaba muy ridículo... bailamos un poco y nos estuvo enseñando fotos de su hermano, que murió en la guerrilla, de su madre que murió (no entendimos cómo) cuando ella tenía siete años, y de su marido (...). Después pasamos por la casa de Ramita, nos regalaron una especie de nabo que se comen aquí ellos,y conocimos a su padre y a la que debía ser su abuela. Todos parecen encantados de que vayas a hacerles una visita...
.
A la vuelta pasamos de nuevo por la casa de la familia de Maya, y encontramos a una de las mujeres de la casa fabricando una cama, lo veréis en la foto porque de verdad me pareció alucinante...
.
Estuvimos muy a gusto ayer aquí, y nos hemos querido quedar un día más. Por la tarde estuvimos pintando un poco con los niños que quedaban, viendo cómo iban marchándose a medida que iba oscureciendo, y de nuevo a las seis nos quedamos solas aquí... bueno, con Mickey, que es el nombre que hemos puesto al ratón que vive con nosotras, jajajja... Otra noche de chowmein y ensalada, y tertulia antes de dormir a la luz de las velas, en el sitio más tranquilo en el que he estado desde que llegué a Nepal.
.
Mañana pasaremos el día entero aquí también, ya nos han invitado a otras dos casas, y el sábado queremos aprovechar el viaje en furgoneta que hace el lechero cada mañana para que nos acerque lo máximo posible a Namobuddha, que es el monasterio budista donde vamos a pasar un par de días de camino a Katmandú.
.
Pero eso será el sábado, de momento he aprendido a vivir cada día y a dejar que las cosas vayan pasando, así que ahora me quedo a disfrutar esto y a seguir viviendo cosas increíbles. Os dejo unas fotos, sólo unas pocas, aunque cada día me cuesta más escoger las que os quiero enseñar entre todas las que hago durante el día...










No hay comentarios:
Publicar un comentario