Un viaje dentro de otro viaje (1ª parte): Llegada a Baseri

1 enero 2009

No se me ocurre una manera mejor de empezar el año. Os lo digo de verdad, y con un nudo en la garganta. Lo que estoy viviendo y sintiendo aquí en Baseri no creo que vuelva a verlo en mi vida. Ahora escribo desde aquí, para poder copiarlo y enseñároslo cuando vuelva a Katmandu, porque no creo que me saliera igual desde allí, no sé cómo explicarlo, esta experiencia está siendo tan bonita y tan especial que no sería capaz de contarla igual desde otro lugar.
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El camino hacia aquí ya fue impresionante, al poco de salir de Katmandu ya estábamos subiendo la montaña, y de repente la gente era distinta, las caras eran diferentes, la pobreza se veía también de otra manera, y el tráfico se iba viendo sustituido por cabras, vacas y mujeres cargando alimento a la espalda con los niños agarrados a sus piernas. Subimos mucho y estamos en lo alto de una de las montañas de la cordillera del Himalaya. Las vistas desde aquí, podéis imaginaros, son impresionantes. Pero lo que más impresiona, a pesar de ser un paisaje único, no es esto sino la gente.
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Me gustaría intentar describir la primera sensación que tuve cuando ayer atravesamos Yolanda y yo la entrada de la escuela donde estamos viviendo. El "patio" estaba tranquilo, y de las dos aulas que había salían gritos de niños que al mismo tiempo iban repitiendo las palabras de la profesora. Nada más vernos salieron de las clases, primero las profesoras a darnos la bienvenida, como siempre con unas sonrisas inmensas en sus caras, y después una avalancha de niños que se reían, nos saludaban con el "Namaste" y nos abrazaban... No podíamos parar de mirarles, de jugar con ellos y de reirnos... intentar entendernos era un poco más complicado, aunque las profes hablan inglés y con ellas no hay problema, con los niños es un poco más difícil, pero al poco tiempo te das cuenta que con tres palabras y muchos gestos no hay relación que se resista.
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Estuvimos haciendo dibujos con ellos, todos querían ser los primeros y nos pedían colores, papeles y sacapuntas para hacer el dibujo más bonito y regalárnoslo. Me llevo una colección importante de aquí, cada uno con su nombre y una cara que no se me va a olvidar fácilmente.
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De nuevo a clase, después de un rato con nosotras, y otra vez los gritos "ordenados" de los niños, niños de 3 a 6 años que vienen caminando solos a la escuela desde sus casas, algunas de las cuales están a más de una hora andando por la montaña. Y vienen ellos solos, cada mañana, y a las 18h se vuelven, para llegar a casa antes de que anochezca. Y muchos de estos niños hacen el camino sin zapatos, con los pies destrozados pero con esa sonrisa en la cara, esa sonrisa que tienen en común todos los nepalíes. Esta escuela es gratuita, la construyó la fundación hace poco y consiguió con ello traer educación hasta aquí, donde antes no había posibilidad de estudiar.
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Bajamos a comer a casa de la familia de Maya, la mujer de Toni. Ella era de aquí, donde todavía viven su padre, su hermano, y otras mujeres de la casa. Las casas que se ven en Baseri, las pocas casas que vemos desde la escuela, son casas hechas con barro y algo de ladrillo, con gallinas paseando por dentro y fuera de la casa, y cabras esperando algo de comida y de agua, que cuesta mucho que llegue. No tienen agua, hay un río pero aún no han descubierto la manera de elevar el agua un desnivel de 600 metros hasta aquí, asi que el agua escasea mucho en invierno y primavera, como podéis imaginaros. Las cosechas han sido también muy malas este año por eso mismo, pero aún así les falta tiempo para ofrecerte lo poquísimo que tienen, ya sea té, arroz, patatas o huevos. Cocinan en un cuarto donde encienden un fuego, sin chimenena, y donde de verdad llega a faltarte el aire por la cantidad de humo que se forma ahí dentro. Tienen muchos problemas en los ojos y en la garganta por esto, per parece que están acostumbrados porque cuando Yolanda y yo tuvimos que salir a respirar, la mujer que nos estaba cocinando seguía ahí dentro, con su hijo colgando del pecho, mientras nos preparaba patatas, huevos y té. Impresionante.
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Subimos de nuevo a la escuela, y después de jugar con los niños, se iban despidiendo poco a poco, tanto ellos como las profes, hasta el día siguiente. A las 18h no quedaba nadie ya por aquí y estaba anocheciendo. Sólo yolanda y yo nos quedábamos aquí a dormir, en un cuarto al lado de las aulas donde la fundación había puesto dos literas, una letrina como baño y un par de fuegos para cocinar. Como veníamos de Katmandu, habíamos podido traer provisiones y empezamos a hacernos nuestra particular "cena de nochevieja": una ensalada de pepino, y chowmein con verduras. Una botella de vino que no pudimos abrir, un par de cafés después de cenar, y a hablar y hablar a la luz de las velas (por supuesto sin electricidad) hasta que después de un brindis nos metimos en la cama para despertarnos temprano y tomar las uvas con vosotros y con el amanecer, o más o menos... Así dijimos adiós al 2008. Adiós, y hasta nunca. Un año que para mí ha sido muy difícil, en el que he tenido muchos momentos malos y en el que me he creado unos problemas posiblemente más grandes de lo que en realidad eran. Adiós 2008, y bienvenido 2009.
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Al despertar hoy hemos salido fuera corriendo, y con las uvas que encontré en Katmandu antes de venir, hemos hecho oficial la entrada del 2009. De espaldas a la escuela, mirando las montañas y la salida del sol, hemos tomado las doce uvas y hemos brindado con café para que este año venga lleno de buenos momentos y de mucha felicidad para las dos y para todos los que estáis con nosotras. Han sido unas campanadas muy especiales, y cuando al poco rato empezaban a aparecer otra vez los niños, saludando e invitándonos a sus casas, pensaba que no podría haberme encontrado con una manera mejor de empezar este año, que siento que va a ser muy bueno, lo sé...
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Me cuestiono muchas cosas ahora, y pienso en el año que he pasado. Pienso en los problemas que he tenido, y pienso en lo poquísimo que necesita esta gente para ser feliz. No quiero decir con esto que mis cosas sean menos importantes, porque lógicamente cada uno da una importancia a lo suyo, pero creo que un mismo problema puede ser tan grande como uno quiera que lo sea, y cualquier mal momento podemos verlo con unos ojos o con otros. No sé, reflexiones que hago aquí al sol rodeada de todo esto... mis reflexiones.
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En cualquier caso os deseo a todos un feliz año 2009, y espero que lo hayáis empezado con buen pie y que seáis muy felices!!! Me he acordado mucho de allí esta mañana, y os he mandado un montón de energías positivas... feliz año nuevo!!














1 comentario:

Oscar Soler dijo...

Feliz año desde la distancia, Marta!
Por aqui también nos acordamos mucho de ti, incluso ya nos tenías preocupados.
Iré leyendo tus "vivencias" poquito a poco. De este me quedo con tu frase "creo que un mismo problema puede ser tan grande como uno quiera que lo sea". Tienes toda la razón y espero que estés aprendiendo mucho de la forma de ser de los nepalís para que lo apliques cuando vuelvas a Madrid.

Según relatas el entorno, debe de ser impresionante. Estás dando mucha envidia...

Besos