23 diciembre 2008
Ya estoy en Qatar, son las 7.30 aquí (5.30 allí) y espero en el aeropuerto a que, sobre las 10.30, salga mi vuelo a Katmandú, rodeada de gente con túnicas blancas (ellos) y negras (ellas) de la cabeza a los pies.
Lo de Barajas ha sido desesperante, me ha llevado Loreto a las 18.00 y nos ha llevado cuatro intentos y más de dos horas que me dejaran facturar todo lo que llevaba. Además de mi equipaje (en total 11 kg), quería facturar una maleta de 23 kg con ropa, comida y medicinas para dejar a TDHF. Todo esto con risas y lágrimas, todo incluido.
A 58 euros el kg de exceso, y con un máximo de 20 kg que me permitían, querían que pagara como fuera (en el primer intento 3 kg, en el segundo y después de haber sacado cosas 5 kg…). Menos mal que un encargado que había cerca quería ayudarnos, y cuando no le veían se acercaba a nosotras para darnos ideas de cómo reducir peso de las maletas, pasándo al equipaje de mano. Al final, en el cuarto mostrador y gracias a este encargado, me han dejado pasar con 30 kg sin pagar nada. Eso sí, voy con una mochila al hombro que parece que lleva plomo y con una bolsa de plástico en la mano que debe pesar 5 kg… y las niñas se quedan sin turrón y sin las latas de atún que tanto les gustan…
Tengo ganas de llegar, estoy muy cansada porque no he dormido prácticamente nada en el avión, y aquí ya ha amanecido hace tiempo. No veo mucha gente española, y la única chica que he conocido sentada a mi lado en este avión se ha ido corriendo porque perdía su enlace a Tanzania. Así que, de momento, sigo sola. Y muerta de sueño.
Hace 14 años
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